Mi hijo no quiere ir al colegio

“Me duele la barriga”.
“Hoy no quiero ir”.
“¿Me puedo quedar en casa?”
“Por favor, mamá, no me lleves”.

Hay mañanas en las que conseguir que un niño o una niña vaya al colegio se convierte en una auténtica batalla. Y cuando esto empieza a repetirse, es normal que aparezcan las dudas: ¿le habrá pasado algo?, ¿será una etapa?, ¿está intentando salirse con la suya o realmente lo está pasando mal?

No querer ir un día concreto puede formar parte de la infancia. Lo que merece nuestra atención es cuando el rechazo se repite, genera un malestar intenso o empieza a afectar a la vida del niño o la niña y de toda la familia.

Soy Concepción Sánchez García, psicóloga y directora de Centro Kidea, en Montequinto, Dos Hermanas. En nuestro trabajo con niños, niñas, adolescentes y familias sabemos que detrás de una conducta que vemos desde fuera siempre merece la pena preguntarnos qué puede estar intentando expresar ese niño o esa niña.

¿Por qué mi hijo no quiere ir al colegio?

No existe una única respuesta.

A veces el motivo es relativamente sencillo: está cansado o cansada, ha tenido un conflicto puntual con algún compañero o compañera, no ha hecho los deberes o le preocupa un examen.

En otras ocasiones, el “no quiero ir” puede estar escondiendo una dificultad que todavía no sabe explicar.

Puede haber ansiedad, miedo a separarse de la familia, problemas con otros niños o niñas, dificultades académicas, cambios importantes en su entorno o alguna situación vivida dentro del colegio.

Por eso, más que centrarnos únicamente en conseguir que entre por la puerta, necesitamos intentar comprender qué hace que ir al colegio se haya convertido en algo tan difícil para él o para ella.

¿Cuándo podemos hablar de rechazo escolar?

No debemos convertir cada protesta matutina en un problema psicológico.

El rechazo escolar hace referencia a una evitación persistente del colegio acompañada de un malestar significativo.

Algunos niños y niñas se niegan directamente a entrar. Otros siguen asistiendo, pero cada mañana aparecen llantos, angustia, retrasos constantes o peticiones para volver a casa.

También puede manifestarse con síntomas físicos.

“Me duele la barriga, no puedo ir”

El dolor de barriga o de cabeza, las náuseas o el malestar antes de ir al colegio pueden ser reales aunque no exista una causa médica que los explique.

Las emociones también se expresan a través del cuerpo.

Si estos síntomas son frecuentes, conviene consultar primero con el pediatra para descartar una causa física. Pero si aparecen principalmente los días de colegio, desaparecen durante el fin de semana o van acompañados de un fuerte rechazo a asistir, merece la pena explorar también qué está ocurriendo a nivel emocional.

Qué puede haber detrás del “no quiero ir”

Escuchar al niño o a la niña sin adelantarnos a la respuesta puede darnos mucha información.

Ansiedad o miedo

El colegio implica separarse de la familia, relacionarse con otras personas, responder preguntas, hacer exámenes, cometer errores y enfrentarse cada día a situaciones que no siempre podemos controlar.

Para algunos niños y niñas, todo esto puede generar una ansiedad difícil de gestionar.

Y no siempre saben decir:

“Tengo ansiedad”.

A veces simplemente dicen:

“No quiero ir”.

Dificultades con los compañeros y compañeras

Un conflicto, sentirse fuera del grupo, las burlas o una situación de acoso también pueden provocar un cambio repentino en la actitud hacia el colegio.

Si vuestro hijo o hija antes acudía con normalidad y empieza a mostrar un rechazo intenso, es importante interesarnos por cómo están siendo sus relaciones.

Sin interrogatorios, pero estando disponibles para escuchar.

Dificultades de aprendizaje

Imaginemos tener que acudir cada día a un lugar donde sentimos que todo el mundo avanza más rápido que nosotros.

Un niño o una niña que tiene dificultades para leer, escribir, mantener la atención o seguir determinadas asignaturas puede empezar a asociar el colegio con frustración, vergüenza o sensación de fracaso.

En estos casos, centrarnos únicamente en la conducta puede hacer que pasemos por alto lo que realmente necesita.

Algún cambio importante

Un cambio de colegio, de profesor o profesora, de compañeros y compañeras, una separación familiar o cualquier acontecimiento que altere su sensación de seguridad también puede reflejarse en la forma de afrontar la escuela.

Qué podemos observar en casa

Más que buscar un síntoma concreto, me parece útil fijarnos en los cambios.

¿El problema ha aparecido de repente?

¿Sucede especialmente los domingos por la noche o por las mañanas?

¿Habla de algún compañero, compañera, profesor o profesora con preocupación?

¿Han bajado sus notas?

¿Está más irritable?

¿Duerme peor?

¿Los síntomas desaparecen cuando sabe que no tiene que ir al colegio?

Las respuestas no nos dan un diagnóstico, pero pueden ayudarnos a entender mejor el contexto.

A veces el “no quiero ir al colegio” no es el problema. Es la manera que tiene un niño o una niña de decirnos que algo le está costando más de lo que puede explicar.

¿Qué hacer si mi hijo no quiere ir al colegio?

Lo primero es intentar no convertir cada mañana en un enfrentamiento.

Cuando todo el mundo está nervioso, resulta mucho más difícil descubrir qué ocurre.

Escúchale sin minimizar lo que siente

Frases como “no pasa nada”, “eso son tonterías” o “tienes que ir porque sí” pueden hacer que el niño o la niña deje de contarnos cosas.

Podemos mantener los límites y, al mismo tiempo, validar su emoción:

“Veo que hoy te está costando mucho. Quiero entender qué te preocupa”.

Escuchar no significa darle la razón en todo. Significa ofrecerle un espacio en el que pueda hablar.

Habla con el colegio

Familia y colegio pueden estar viendo partes diferentes de la misma situación.

Hablar con el tutor o tutora puede ayudar a saber cómo está en clase, cómo se relaciona, si ha ocurrido algún cambio o si se están observando dificultades académicas o emocionales.

Evita que quedarse en casa se convierta en la única solución

Cuando existe ansiedad, evitar continuamente aquello que provoca miedo puede hacer que volver resulte cada vez más difícil.

Pero esto tampoco significa obligar sin comprender.

Especialmente si sospechamos acoso, conflictos graves u otra situación que pueda afectar a su seguridad, primero debemos averiguar qué está ocurriendo y coordinarnos con el colegio.

El objetivo debe ser ayudarle a recuperar progresivamente la seguridad necesaria para afrontar la situación.

¿Cuándo sería recomendable pedir ayuda?

Yo prestaría especial atención cuando el rechazo se mantiene en el tiempo, el sufrimiento del niño o la niña es intenso o empieza a interferir claramente en su vida.

También cuando las mañanas se han convertido en una lucha diaria, aparecen síntomas físicos frecuentes, falta repetidamente a clase o la familia siente que ha probado distintas estrategias sin conseguir entender qué sucede.

Pedir orientación no significa que exista necesariamente un trastorno.

A veces necesitamos simplemente una mirada profesional que nos ayude a ordenar lo que está ocurriendo y saber cómo actuar.

Psicología infantil en Centro Kidea

En Centro Kidea acompañamos a niños, niñas, adolescentes y familias ante dificultades emocionales que pueden aparecer tanto dentro como fuera del entorno escolar.

Desde nuestro servicio de psicología infantil en Montequinto trabajamos de manera cercana y personalizada, teniendo en cuenta al niño o la niña, su familia y las circunstancias que pueden estar influyendo en su bienestar.

No se trata solo de conseguir que vuelva al colegio sin protestar.

Se trata de comprender por qué ir se ha vuelto difícil y ayudarle a desarrollar herramientas para que pueda recuperar seguridad y bienestar.

Si vivís en Montequinto, Dos Hermanas, Entrenúcleos, Sevilla Este o alrededores y vuestro hijo o hija lleva un tiempo rechazando ir al colegio o sentís que algo ha cambiado en su forma de afrontar las clases, podéis contactar con Centro Kidea.

Podemos escuchar vuestro caso, valorar qué está ocurriendo y orientaros sobre la forma más adecuada de ayudarle.

Porque cuando un niño o una niña no sabe explicar lo que le pasa, su comportamiento muchas veces empieza a hablar por él o por ella.

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